miércoles, 1 de febrero de 2012

El Anata



El Anata es una festividad que ha sido llamada Carnaval Andino, pero es importante señalar que tal categoría y por tanto la tradición del carnaval es traída desde la Conquista a nuestro continente, por lo que ambos términos designan realidades diferentes. El carnaval, como festividad europea, llega durante la época colonial, mezclándose con tradiciones indígenas; propicia un momento de alegría, la subversión, la reversión de la normalidad, el mundo al revés, celebrando la finalización de las tareas del campo, el cambio de ciclo, satirizando cargos públicos, a través del uso de máscaras, publicando ofensas, insultos y burlas (Quiroz, 2002; Rossells, 2009). Pero del mismo modo es necesario restablecer el orden de las cosas, por lo que para la culminación del carnaval era indispensable su muerte y entierro, que además indicaba la preparación hacia la Cuaresma, tiempo de penitencia. Bouysse-Cassagne y Harris (1987) señalan que el término Anata hace referencia al “tiempo de juego”, pero también es conocido como supay phista, refiriéndose a la fiesta de los diablos, en tanto figuras asociadas al bajo mundo desde la imposición cristiana en los Andes (Vega y Carrasco, 2009). El jesuita Ludovico Bertonio (1612) en su vocabulario de lengua aymara ubica la palabra Anataña como expresión de la fiesta y los juegos. Es un tiempo de alegría o kusisiña, siendo una festividad de gran importancia social y económica, identificada con la juventud y la fertilidad.vCon la conquista, el carnaval en el mundo andino se enlaza con el Anata, considerado este último como un lugar de encuentro, un juego ritual agrícola que se realiza en época de jallupacha o lluvias en el Altiplano. Para los aymaras es el tiempo femenino, tiempo de la Paxsi Mama (Luna) y de la Pachamama, ya que la tierra está abierta, fue sembrada y aparecen los primeros frutos y flores. Todos los ritos están dirigidos a la papa, la quinua, la arveja y todo lo que en este tiempo esté floreciendo, y en algunos casos se esté cosechando (Rossells, 2009). El Anata, también conocida como la fiesta o “floreo de la gente”, es tiempo húmedo pero también marca el fin de este ciclo, pasando a la temporada fría y seca, simbolizada con el sol maduro y asociada a lo masculino y a la
madurez que se representa en el matrimonio. Es por definición el espacio de reproducción social de la comunidad. Son tres días de fiesta en la que aparece la organización espacial y social de la marka o pueblo central, en torno a las mitades arax saya y manqha saya. En ella se pone en escena la adscripción y pertenencia a un grupo de parentesco y comunal identificado por los antepasados. El sábado, antes de Anata, se realiza la killpa del ganado, se marcan las orejas de las llamas, alpacas y ovejas. El domingo se inicia la fiesta con una entrada en el pueblo, esparciendo flores y danzando al son de tarqas, moseños y pinkillos, nombrándose al tata jilacata y su esposa como los encargados. El día lunes es el jisk’ anata, se visitan unos a otros, se decoran las casas con coronas de flores; el martes en cambio es el jacha anata, se sale a bailar en las tierras de cultivo, se danza de chacra en chacra, una fiesta celebrada entre varios ayllus o comunidades (Aparicio, 2009). En otros espacios comunitarios el día lunes es el lugar del encuentro con animales y plantas,
se visitan las chacras, las adornan, danzan y challan. El martes, en la urbe, se challan las casas y las movilidades, deseando buenos augurios y alejando malas energías. En el contexto urbano, el Anata cobra una nueva significación, un uso que rememora prácticas propias de los pueblos indígenas andinos así como una reelaboración desde la vivencia citadina. La celebración del Anata se hace generalmente en el mes de febrero, cuando las plantas están en pleno florecimiento. Como tiempo ritual, sagrado, se invoca a las divinidades andinas, los apus, achachilas, uywiris y fundamentalmente a la Pachamama o Madre Tierra. En algunas comunidades es la fiesta de la papa, el momento de agradecer a la Pachamama por todos sus favores recibidos. Por considerarse una época femenina es el momento propicio para la fertilidad de todo ser vivo. Las plantas de la papa florecen, dando a su tiempo el fruto esperado por la comunidad, la papa, la quinua, las habas. Los encuentros sexuales entre mujeres y hombres de las comunidades se generalizan, derivando en algunos casos en matrimonio al final de la fiesta, por ello la gran mayoría de las danzas que se ejecutan reflejan un juego de seducción entre solteros. La plaza central de la marka es el espacio donde se forman ruedas de mujeres por mitades (saya) de cada ayllu, para cantar y bailar. En el Anata se manifiesta la relación intrínseca en el mundo andino entre el jaqi (persona), la naturaleza y las divinidades. Es un tiempo de renovación, regocijo, juego ritual entre las familias y la naturaleza. La naturaleza, la persona y las divinidades juegan el ritual de la renovación, de la creación del mundo y de la naturaleza. Los hombres, mujeres, ancianos y niños, celebran el nacimiento del mundo en la figura simbólica de la challa de la papa. Las relaciones sociales se restablecen, los ahijados visitan a los padrinos, los niños se socializan con la comunidad, se realizan alianzas matrimoniales (Rossells, 2009). Esta festividad no es una simple expresión lúdica sino que es un acto sagrado de agradecimiento a la tierra, de respeto y cuidado a todo ser vivo, dando cuenta de un conjunto de expresiones socioculturales a través de la danza, la música, la vestimenta, los ritos, la comida. Es un tiempo de consolidación de las relaciones entre seres y de conjurar el espíritu de las cosas que los rodean. Todo lo circundante al jaqi, las herramientas de trabajo, los productos agrícolas, la naturaleza, las cosas, adquieren vida, son seres que comen y beben. El Anata está asociado originalmente con el uso de instrumentos de viento tradicionales (tarqas, moseños, y pinkillos). El pinkillo y la tarqa representan el tiempo lluvioso porque ambos se mojan para soplar (Borrega y Ricaldi, 2009). Las danzas ejecutadas están en directa relación con el instrumento. Una de las danzas emblemáticas de este período es la tarqueada, festejando la floración de las sementeras, inicio de la época de cosecha. La tarqa recibe la melodía de la naturaleza en una ceremonia con el sereno, entidad encargada de dar vida y sonoridad al instrumento. Dentro de los aguayos las personas portan los primeros productos de las chacras, seleccionando los mejores para ser challados, los cuales posibilitan la multiplicación en la cosecha. En la celebración del Anata es primordial la challa y la instalación de mesas ceremoniales en las cuatro esquinas de todo lugar. Este agradecimiento se extiende a todo el conjunto de la naturaleza, animales, casa, bienes, etc. Lanzar agua en Anata está relacionado con la fecundidad de la tierra, donde es trascendental que esté mojada, razón por la cual se challa con líquidos, para que sea más fértil. Por otra parte la Pachamama necesita dulces (confites) para satisfacer su hambre. La serpentina y la mixtura son otros elementos fundamentales para esta festividad, simbolizando la continuidad, alegría, unidad y cooperación (Borrega y Ricaldi, 2009). Es un tiempo de renovación en la naturaleza, ya que posteriormente se inaugura el tiempo nuevo, de la cosecha o llamayu, correspondiente a los meses de abril, mayo y junio. El tiempo de fertilidad hay que despedirlo con alegría, para que vuelva el próximo año. Como se señalara, con la conquista española el Anata comenzó a ser vinculado con el carnaval europeo, como una estrategia de subordinación cultural e imponer el cristianismo mediante la asociación con elementos andinos, generándose un proceso de reelaboración, de sincretismo cultural, que finalmente dio paso a la creación de un “cristianismo andino”. A tal nivel se generalizó esta festividad que a fines del siglo XIX, en ciudades de Bolivia y Perú, el carnaval se transformó en un conjunto de pasacalles a cargo de cofradías religiosas y de bandas de bronce, representando danzas mestizas e indígenas. Actualmente no solo grupos religiosos participan del carnaval, sino también organizaciones de trabajadores, grupos estudiantiles y folclóricos, a la par de la presencia de las comunidades indígenas. Uno de
los carnavales más emblemáticos es el de Oruro. En Chile, se pierde la tradición del carnaval en la urbe a mediados del siglo XIX, pero seguirá esta práctica viva, a modo de Anata, en comunidades aymaras, quechuas y licanantay (atacameños).

*** Extracto del libro "Festividad y ritualidad andina en la Región Metropolitana: La fiesta de la Jacha Qhana y el Anata". Francisca Fernández Droguett

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada